¿Qué voy a hacer con mi vida
si ya no estás?
Hoy no estás y te recuerdo,
y me recuerdas que mi corazón
no te quiere olvidar.
Te fuiste y me dejas atrás
ya no vas a
regresar;
como cuesta ésta mí
soledad.
14/03/2006
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia, el resto es producto de mi imaginación. Los invito a conocerme de una forma diferente, a través de mis letras... Buen viaje y buena suerte...!
Habían pasado unos meses del cambio de casa, y de un
día para otro, mis perros, los que teníamos en ese entonces, no paraban de
ladrar por las noches. Era rarísimo, pues, empezaban con el concierto de
llanto, ladridos y aullidos, siempre a partir de las 2 de la mañana; a veces se
amanecían así, otras veces a eso de las 5 caían rendidos del cansancio.
Antes de salir de casa para ir a rendir, ya por la
tarde, revisaba si tenía conmigo celular, billetera y llaves; a estas últimas,
no las podía encontrar. Las busqué por el comedor; por mi dormitorio; en el
baño, pensando que se abrían caído; fui por el jardín hasta la puerta a ver si
no las había dejado puestas en la cerradura; y nada, las llaves no aparecían
por ningún lado. En ese momento, estaba Don Patricio barriendo la vereda, y al
verme preocupado me pregunta que me pasaba. Al contarle, y como si me estuviera
dando receta de remedio para enfermo, me dice que debería dar vuelta un vaso;
con ello, encerraría al duende que me robó las llaves, y que hasta que no
aparezcan, lo dejara así.
Me muero en tu ausencia,
Aire que estas ahí,
Los pies de los bailarines ya se
encuentran ampollados por tanto saltar, correr y bailar coreográficamente, al
compás de tambores y gritos, todo dedicado al dios de la lluvia, que parece
estar enojado con ellos, pues, hace tanto tiempo que no llueve, que hasta los
cueros del propio cuerpo se encuentran quebrajados de la sequedad. A estas
alturas, el agua más que una necesidad, se ha vuelto una bendición; ya que su
faltante, pone a prueba la teoría más darwiniana de la sobrevivencia del más
fuerte: los animales más jóvenes y los más ansíanos, es decir, los más débiles,
son los primeros en caer deshidratados, en su defecto, son sacrificados para
que no sufran más, quedan solo los más resistentes.
Ciento sesenta y tres días
pasaron ya de la última llovizna. Fue muy pobre, tenue, casi imperceptible;
tanto que no alcanzó lo que se recolectó, para las tareas de dos días, sino que
solamente para fue para los recursos vitales de sus habitantes. La situación se
volvió más que crítica. Sin embargo, a
pesar de ‘la sordera divina’, las esperanzas del pueblo no claudican y los
creyentes continúan danzando, saltando y gritando.
Mientras tanto, en otro extremo
del planeta, la lluvia faltante para este pueblo, es totalmente excesiva. En
ésta región, una ciudad se inundó de agua. Las lluvias fueron abundantes en
demasía; provocando el desborde del río más cercano, lo que produjo, a su vez,
la evacuación de la mayoría de sus habitantes; los que se quedaron, solo unos
pocos, lo hicieron para cuidar sus pertenencias, pues, electrodomésticos, ropa,
muebles, entre otras cosas, ya se perdieron entre el agua y el barro. Algunos
rezan por sus vidas: -“Santa María. Santa María, que con las cruces que te
hago, la lluvia se apaciguare…”- decía una persona haciendo ademán con las
manos a los cuatro vientos, como queriendo despejar las nueves de agua con la
señal de la cruz; creyendo así que la divinidad de turno, los cobijará y que
con un milagro, cesará la lluvia.
Lo paradójico de estas historias
es que en ninguno de los dos casos, ya sean las personas o animales, pueden
tomar agua, los primeros por escasez; y, los segundos por abundancia de agua pero
no potable. En las dos situaciones, al sobrepasar la capacidad de entendimiento
de los hombres, se termina confiando en dioses, un acto de fe donde se agotan
todas las fuerzas físicas, creyendo que éstas las fuerzas metafísicas, serán
las encargadas de resolver el problema. Lo más paradójico aún, es creer que las
mismas deidades son las que castigan respectivamente a una población, o a la
otra.