Poner en común, conectar con el
otro, transferir y compartir información.
Comunicación y Periodismo
Siguiendo con la línea anterior, se tratará de relacionar los conceptos
de Hegemonía con los de Periodismo y Comunicación, para dar cuenta con posibles
connotaciones o ramificaciones del análisis anterior.
En la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNT, se aprende a ver
a la Comunicación como la puesta en común de algo, desde lo más básico como
gestos o expresiones, hasta lo más complejo como la interacción de palabras y
frases cara a cara. Dice Aníbal Ford que “nos comunicamos mediante la construcción
de significados/sentidos compartidos a través de diferentes tipos de códigos.
Estos (…) pueden tener mayor o menor grado de formalización o
gramaticalización”[1].
Agrega que, “la comunicación se encuentra en el discurso”; y, que “las
diferentes formas de comunicación no se dan de manera aislada, cerrada o
clausurada, sino simultáneamente”[2],
es decir, para poder poner en común algo, se tiene que estar en comunidad y
estar en un contexto en particular.
Se puede pensar que la comunicación se da de forma natural, a partir de
la complejidad del medio ambiente, antes de la aparición de los mitos o las sociedades.
La Dra. en Filosofía Cristina Bulacio, decía que “el hombre habla porque desde
el inicio tuvo algo que decir”[3].
¿Comunicar o decir qué? ¿Por qué plantearlo desde una necesidad? El hecho de
vivir en rebaños o pequeñas comunidades hace que ciertos actos, señales o gritos
se transmitan con el tiempo en forma de rituales, enseñados como alertas para
la supervivencia del grupo. Los mayores son los encargados de esta transmisión a
los pequeños integrantes del grupo. Estos actos ritualizados, en
investigaciones de distintos autores, se lo denominó socialización. Y aun hoy, en nuestras sociedades, lo primero que se
comunica y se enseñanza es cómo hablar, cómo comunicar lo que sucede, cómo
comunicar el peligro por ejemplo. En la medida en que se comunica algo, se puede
dar cuenta de nuestra existencia con otros, de las propias experiencias, y a
partir de lo que se pone en común, en
el compartir discursivo, se comunica al otro y se comparte al otro las
vivencias personales.
El mismo Aníbal Ford, en Términos críticos de Sociología de la
Cultura de Altamirano,
dice que los estudios funcionalistas “describen [a] la comunicación como todo
tipo de influencia, verbal o no verbal; ello está presente en el axioma de Palo
Alto de ‘es imposible no comunicar’, lo que de alguna manera podemos traducir
como ‘es imposible no interpretar o dar sentido’”[4].
Continua diciendo, “la sola presencia de una persona o un objeto ‘emite’
(cultura mediante) ‘información’”[5].
A partir de acá, de poner en común algo por la necesidad de supervivencia, la
comunicación empieza a ser estudiada como función de herramienta de transmisión
de sentidos, donde el sentido último que da comienzo al acto comunicativo es la
interpretación misma de los mensajes, lo que se entiende de ellos. Uno puede
emitir muchas señales, pero solo las que son interpretadas por los otros
actores de la comunicación son las que completan el proceso.
En
relación con este punto, Hanna Arendt, filósofa, antropóloga y gran pensadora
materialista moderna; decía que “todo ser vivo tienen en común que aparecen, lo que significa ser vistos,
oídos, tocados, catados y olidos, ser percibidos por criaturas sensitivas dotas
de órganos sensoriales adecuados”[6],
justamente para percibir a otros seres vivos que se aparecen. Ella le da mucha
importancia a la percepción de las cosas, tanto que más adelante también dice
que el “estar vivo significa estar movido por una necesidad de mostrarse que en
cada uno se corresponde con su capacidad para aparecer. Los seres vivos hacen su aparición como actores en un
escenario preparado para [cada uno de] ellos. El escenario es el mismo para
todos los que están vivos, pero parece distinto
para cada especie, diferente incluso para cada individuo. (…) Aparecer siempre
implica parecerle algo a los otros, y
este parecer cambia según el punto de
vista y la perspectiva de los espectadores”[7].
Este punto es el más importe, pues, si pensamos la comunicación desde la
recepción, para entender el “no se puede no comunicar”. El párrafo citado de
Arendt nos dice que, para interpretar algo, de alguien o de algo,
necesariamente el que interpreta, que es uno, tiene que estar dotado de todo un
complejo de sentidos que se ponen en marcha para ello. Por más que uno se
esfuerce por “aparecer” ante otros, solamente cuando los otros lo interpretan, captan la presencia de
uno, es cuando el círculo se cierra. Se comunica a partir de nuestra aparición,
a partir de nuestra intervención en la vida de los otros.
Esto
complejiza la primera aproximación, puesto que, ya no solo se pone en común
algo sino que, para ello, se necesita tener en común los mismos códigos,
lenguajes o convenciones, y también los sentidos. Es a partir de ellos, que nos
aparecemos ante los otros, y que los otros nos interpretan; es a partir de
ellos que se puede comunicar nuestra existencia a los demás, es comunicar
nuestro estar presentes en un mismo
lugar, en una misma sociedad.
El
Periodismo es una forma de poner en común algo a través de un código oral o
escrito. Es una forma parcial de comunicar y de mostrar una realidad. Se sabe que
aparece en los soportes escrito, digital, visual y oral ¿Por qué es una forma parcial
de mostrar una realidad? La realidad es una sola y está ahí, a vista de todos.
Lo que el periodismo hace, más precisamente las personas que ejercen esa
profesión, es recortar y enseñar eso que estos ven como realidad. Es decir, a
partir de distintas miradas sobre algún hecho de la realidad, se recolecta o
recoge información y se construye una nueva versión de ese hecho, lo cual
demarca en ese acto una posición a veces manifiesta, otras veces oculta, y se
reproduce esa nueva mirada sobre ese acontecimiento o hecho recortado de la
realidad, mostrándolo como la realidad misma, siendo solo un mero recorte de
ella.
El
periodismo necesariamente está mediatizado por el soporte por el cual se
presenta. Siguiendo la introducción de un texto de Patrick
Charaudeau, dice que “la finalidad del contrato de comunicación mediática se
define como un doble objetivo, en la tensión entre dos propósitos, cada uno de
los cuales corresponde a una determinada lógica simbólica: una es el de ‘hacer
saber’ (dar a conocer), o propósito de
informar, que tiende a producir un objeto de saber según una lógica cívica:
informar al ciudadano. El otro es el de ‘hacer sentir’, o propósito de captación, que tiende a producir un objeto de
consumidor mercantil según una lógica comercial: captar a la mayoría para sobrevivir a la competencia, pero también
ético: seducir para educar. (…) en el
contrato de información predomina el primer propósito, el de ‘hacer saber’, que
se relaciona con la verdad, que supone que el mundo existe por sí mismo y que
puede informarse acerca de él con seriedad en una escena de significación
considerada ‘real’. La segunda finalidad, la de ‘hacer sentir’, seria
secundaria en un contrato de este tipo pues, como se relaciona con la
seducción, permite suponer, a la inversa del propósito anterior, que el mundo
sólo es apariencia y que, por consiguiente, sólo puede informarse acerca de él
por ‘placer’ en un escenario de significación considerado ‘ficcional’”[8].
Este concepto sirve de punto de
partida. Se coincide, desde ésta investigación, con las definiciones de ambos
propósitos, pero no con la primacía del propósito de informar sobre el
propósito de captación. Es verdad, el “hacer sentir” está en relación con el
propósito de captación de público, a partir del consumo de los medios y su gran
diversificación actual, producto de la digitalización de las empresas y
contenidos mediáticos. A partir de la era digital de medios, si bien es
importante en el contenido lo informacional, actualmente prevalece el propósito
de la captación, puesto que sin llamar la atención de los públicos, es decir
sin público, no hay a quien informar. Existen programas, contenidos y medios
que generan y producen información a partir de distintos recortes de la
realidad, y reproducen esos contenidos en distintos formatos y soportes, tantos
como la cantidad de personas que puede haber en una sociedad. A partir del
recorte de la realidad, se “prepara” un producto específico para un grupo
determinado de personas, se apunta a un nicho de publico/consumidor especifico,
donde obviamente la realidad no es tal sino un recorte, reproducido para ese
público determinado. Entonces, redefiniendo la postura de Charaudeau, los dos
propósitos, el de informar y el de captación, van de la mano, son consecuentes
y al mismo tiempo, son necesarios e inseparables.
Periodismo y
Hegemonía
¿Qué
relación guarda el periodismo con la hegemonía? ¿De qué trata el periodismo
hegemónico? Son preguntas a responder en este apartado.
Roberto Sancho Larrañaga, en un texto que titula MiDios de comunicación, comenta que “en la globalización, los
medios de comunicación cumplen un papel fundamental, ayudan a definir lo que la
mayoría de la población mundial va a sentir, pensar, comprar, votar, actuar (…)
lo que la mayoría de las personas comprarán y consumirán”[9].
En este punto de vista, el individuo deja de ser tal y pasa a ser parte de un
mercado de consumo, pero no cualquier consumo, en este caso el de la
información y el de productos comunicativos producidos por empresas mediáticas.
En los culebrones o novelas televisivos, por citar ejemplos de ficción, como
así también en los “Reality Show”, se “compran” los personajes y las historias
que estos cuentan, como modelos aceptados de vida. Los mayores dejan de contar
y comunicar el arte de la cotidianeidad, para ser reemplazados por el consumo
de producciones de medios de comunicación. De ahí también, la reformulación
planteada a la propuesta de Charaudeau, donde la perspectiva informativa y la
de captación son importantes en conjunto porque cada una de ellas, tiene una
función específica. Donde la captación funciona de medio para poder informar
algo que se ve, una mirada recortada de una realidad.
De acá parte la relación que hay entre el Periodismo y la Hegemonía.
Todos los medios y programas, sino son la mayoría, se autovenden como la verdad
en sí misma, donde ésta es solamente interpretada por ellos mismos. No existe
otro punto de vista cierto que no sea la forma de ver la realidad que ese medio
tiene. Desde el periodismo[10]
entonces, se plantea una única visión de la realidad, depende de que tan
verosímil sea este punto de vista para que termine siendo para los consumidores
La Realidad. Cabe preguntarse: si se aclaró
que la realidad es una y está ahí ¿puede haber distintas realidades? Por lo
tanto, de ser cierto ¿hay distintas miradas presentadas por cada uno de los
medios? ¿Hay grupos de consumidores que se identifican con el medio y se dicen
reconocer la realidad desde el mismo el punto de vista del medio? La intención
es no caer en el debate sobre los efectos; pero la última pregunta está más
cerca de una respuesta positiva. Recordemos: lo hegemónico parte de lo cultural,
y su filiación depende, justamente, de la cultura. La prensa es una forma de
mostrar una cultura, por lo que se puede hegemonizar o dominar a un público
culto[11],
porque éste público ya está predispuesto a aceptar como real lo que éste medio
propone, informa y reproduce como “la realidad”. Es una polaridad que se genera
en las cabezas de los consumidores desde lo producido y reproducido por los medios.
Cual “Boca-River”, la realidad por ejemplo, que muestra 6 7 8 no va a ser la
misma que la que muestra Clarín en todas sus versiones. Volviendo a la pregunta
de las realidades, la respuesta es: sí hay distintas “realidades”, tanto como
medios de comunicación o consumidores de medios hay. ¿Qué significa esto? La Realidad es una sola, lo que existe
son puntos de vistas de la misma, “realidades” que son verdades recortadas de
esa Realidad. El trabajo de captación de los medios es para informar una de las
realidades posibles, la suya, la del propio punto de vista del medio que la
recorta, la produce y la informa. Y lo hace porque tiene un público “fiel” que
espera saber, desde el medio, el sermón matutino que muestra esa porción
recortada de realidad en la cual, disfrazado de miembro perteneciente y
creyente, se reconoce como consumidor.
Es todo un trabajo realizado desde la cultura y desde los discursos
producidos por el medio. El objetivo es captar, el fin informar y vender. Si no
se capta, no se informa y no se vende. ¿Qué es lo que se quiere vender?: una
realidad acorde a cada consumidor; las herramientas, la información, la
ficción, los productos mediáticos, los productos y servicios no mediáticos; las
empresas y marcas que participan y que se reconocen en el medio, que también son
parte y participes de ese recorte de la realidad, de lo que se está vendiendo
como “realidad”. Cuanto más se capta, más se informa, por ende, más se vende.
No olvidemos, lo que se quiere captar son consumidores, cuanto más sean, más
opiniones a favor se tendrán sobre ese recorte propio. Lo cultural pasa a ser
hegemonizado, por lo tanto domina gran parte de la opinión pública capaz de consumir
esa realidad precarizada y recortada.
Por lo tanto, existe una estrecha relación entre Hegemonía y Periodismo,
entre Hegemonía y Medios de Comunicación. Controlar el monopolio de la
información, difundir una cultura y ciertos conocimientos, es el objetivo. De
esa relación depende una gran cantidad de consumidores de medios, por lo cual
se los trata de captar cada vez más, para que otros consumidores también opinen
lo mismo de ese recorte de realidad. ¿Cómo ser abarcativos en la captación de
públicos? Se utilizan distintos soportes mediáticos, así poder llegar a
distintos estratos sociales, generando líderes de opinión en distintos
segmentos sociales. Por ejemplo, prensa televisiva, prensa escrita, prensa
digital, prensa radial, armando de esta manera, todo un aparato corporativo
mediático en busca de público/consumidores. Básicamente, el papel de los medios
es lo que Gramsci describía con la función de los Intelectuales en la captación
de adeptos.
Dice en el mismo texto Larrañaga: “la mirada–visión hegemónica [de la realidad] está cargada
de un fuerte componente epistemológico, lo que [la] convierte en cosmovisión o
imposición de una forma de conocer el mundo y la realidad. Un conocer que es un
ver, y un conocer que tiene unos límites impuestos por esa mirada o visión
privilegiada. Los imaginarios sociales surgen de una engañosa ilusión, ver se
convierte en comprender, y la televisión ostenta entonces el monopolio de la
verdad en los medios de comunicación para la mayoría de la población. Por tanto, la subjetividad del
individuo se constituye en función de esta visión que condiciona la apropiación
del mundo, de la realidad. Esta subjetividad es un situarse dentro del
mapa-conceptual establecido por las representaciones sociales hegemónicas en el
contexto socio-cultural donde se forma la persona. En la actualidad, este proceso
de subjetivación está marcado por los medios de comunicación, en especial por
la televisión (…) [que] posee una especie de monopolio de hecho sobre la
formación de las mentes de esa parte nada desdeñable de la población”[12].
Si un hecho no aparece en la televisión, más precisamente, si no aparece en los
medios de comunicación en sus formas más variadas, no existe el hecho o acontecimiento
como real, no existe como realidad.
Contrahegemonía
Periodística
Si
hay una relación entre hegemonía y periodismo hay, por lo tanto, un periodismo
que utiliza todas sus herramientas para ser hegemónico ante sus consumidores. Pero
¿existiría un periodismo contrahegemónico? De la misma manera que en el concepto
de contrahegemonía, considero que hay una contrahegemonía periodística. Surge como
movimiento entre los medios de comunicación, periodistas y trabajadores de
prensa, que empiezan a luchar contra la manera hegemónica de informar. Este
muestra distintos puntos de vista, distintas verdades, distintas realidades
según su propio punto de vista de la misma. El campo de batalla siempre es la
sociedad. Se lo pone en juego al público/consumidor, en este caso, para ser
captado por el mejor postor de la realidad. Todas las estrategias
comunicativas, publicitarias, de marketing y de otras ramas también, se ponen
en práctica para el fin último: captar para informar y vender.
Existe
un periodismo contrahegemónico. Se enfrenta diariamente a los medios
hegemónicos, el fin es la disputa del monopolio de la información. Los
periodistas e intelectuales de esta parte, también pondrán todas sus
herramientas a disposición para poder persuadir y captar a las mentes y la atención
de consumidores críticos, para generar líderes de opinión a su favor. Pero
¿Cómo generar un click en los consumidores para captar su atención e informar?
La respuesta está no tanto en la información que se brinda, sino en el cómo se
la presenta. Acá servirá lo que dice Daniel Bougnoux: “la noción de información implica, simultáneamente,
los datos, las noticas y el conocimiento. [Denomina] información al acontecimiento que emerge sobre el fondo estable de
un horizonte de expectativas o de configuraciones más o menos previsibles. (…)
conviene señalar que la información no es la energía y que no actúa sobre
nosotros como un reflejo o un estímulo que implica una respuesta. El mundo de
la información evoluciona en las relaciones ternarias y no ‘entre partes’
(semiósfera)”[13].
Para ser más precisos, a través de la
información, como el bien más preciado por su capacidad, contenido y difusión, los
grupos dominantes tratarán de imponer su cultura y poder de grupo. Continúa diciendo
Bougnoux, “la información necesita un análisis, y la falta de análisis siempre
forma parte de las opciones posibles. Nadie nos obliga, cuando se vive en
democracia, a que miremos la televisión ni leamos los diarios. El
analfabetismo, incluso el autismo, no son crímenes, siempre es posible hacerle
zapping a una información, reemplazarla por un sueño o no darle importancia”[14].
Tanto lo hegemónico de la prensa, como lo contrahegemónico, tratarán con todas sus
estrategias de que su público/consumidor no los cambie de canal por ejemplo, porque
ese zapping no garantizará, en absoluto, el poder informar y el poder vender su
propio punto de vista de la realidad.
Siguiendo con la misma línea de
razonamiento, Mauro Wolf dice que “el problema de la construcción de la
realidad realizado por los media es
relevante si no se delimita a la equivalencia entre contenidos de los media y sistemas de representación
de los individuos. De no ser así, el núcleo real de la cuestión reducirá otra
vez a la constatación de la dependencia cognitiva de los media de conocimiento de la realidad social. (…) Los media proyectan imágenes
determinadas de la sociedad y de la realidad. Los espectadores se encuentran en
situación de estar cada vez más dependientes de los media para formarse dichas imágenes, ya que una gran parte de
la vida social está más allá de los que se puede experimentar directamente. La
consecuencia es que los media tienen
un papel crucial, no solo en la transmisión de informaciones sobre los hechos,
sino también en plasmar la realidad, en la percepción del contexto
sociopolítico en el que se colocan los acontecimientos. (…) Hablando de los media como constructores de la
realidad, no se tiene que considerar sólo el aspecto relativo a la
institucionalización de las representaciones de la realidad. Los media pueden construir la
definiciones sociales de los contextos de significado más amplio que enmarcan
el plano de la experiencia en el ámbito de la vida cotidiana, pero en este proceso
no actúan aisladamente. La formación de la realidad es un proceso complejo y
los modelos pertinentes tienen que ser capaces de representar esa complejidad”[15].
Estos modelos pertinentes, son los que los usuarios/consumidores compran/consumen
en las novelas, culebrones o “Reality shows” mencionados más arriba. Las historias
de los personajes, que se siguen por televisión, son los modelos a seguir
reinterpretados por los medios. El manejo de los modelos, las historias y todo
producto mediáticos que se puedan producir para vender a sus consumidores
garantiza, por lo menos, que llegue a estos el mensaje correspondiente de parte
del medio.
Cuanto más llegada al público tenga
un medio, o un producto mediático, más probabilidades de éxito se tendrá para
que el mensaje o información emitido llegue a los consumidores. "El
proceso por el cual los media construyen socialmente la realidad se tiene que
convertir en visible: de esto deriva que el asunto que permite a los media
tener influencia porque definen la realidad social no puede depender, para su
convalidación, sólo de las relaciones subjetivas cuyo conocimiento se afirma
que se produce mediante este proceso”[16].
Por ende, la construcción visible de una cultura, su reproducción y recepción,
por parte de sus consumidores, da cuenta de un proceso creado para tratar de dominar
a un grupo. En el caso de 6 7 8, el ideador es alguien que está más arriba del producto
mediático, pues, el medio en sí mismo es solo quien realiza la acción, solo
muestra el mensaje, muestra el informe enlatado del día o la voz enlatada del
productor y su empresa. Pero a su vez el medio, la TV Pública como soporte en
este caso, también se convierte en el mensaje mismo, no solo por ser el soporte
por donde se emite el mensaje, sino también porque a partir de su emisión hace
visible algo: una punto de vista, una realidad recortada, la cual debe
compartir. La pregunta entonces es: ¿quién conduce al medio y cuáles son sus
fines? En la actualidad, los formatos mediáticos le ganan a las figuras
mediáticas. Apresurando la respuesta, son las productoras las que conducen sus
ideas e intereses a través de sus programas y a través de los medios por donde
se emiten. Con respecto a los fines, se necesitaría un trabajo de investigación
en particular, que pueda dirimir qué intereses son los que prevalecen:
económico, político, ideológico o periodístico.
[1]
Carlos Altamirano (director). Términos críticos de Sociología de la Cultura.
“Comunicación” (pág. 21-22) por Aníbal Ford. Ed. Paidós.
[2]
Ibíd. Pág. 22.
[3]
Cristina Bulacio, Dra. “Como el rojo Adán del Paraíso. Ensayo de antropología
filosófica”. Libros el Zorzal. Apartado: El lenguaje, condición de lo humano.
Pág. 19.
[4]
Carlos Altamirano (director). Términos críticos de Sociología de la Cultura. “Comunicación”
(pág. 23) por Aníbal Ford. Ed. Paidós.
[5]
Ibíd.
[6]
Hanna Arendt. La Vida del Espíritu. Cap. 1, La Apariencia. 1. La Naturaleza
Fenoménica del Mundo (pág. 43). Ed. Paidós.
[7]
Ibíd. Hannah Arendt. Pág. 45.
[8]
Patrick Charaudeau, “El Discurso de la
Información”. Gedisa, Barcelona, 2003.
[9]
Roberto Sancho Larrañaga
“MiDios de comunicación”.
[10]
Si bien el periodismo es la profesión de quien ejerce el trabajo de prensa,
según mi punto de vista, acá lo uso de sinónimo de prensa. No hago referencia
en este punto a la profesión sino al trabajo de prensa en sí.
[11]
Culto en sentido de seguidor, como culto religioso. No como individuo informado
o “cultivado”, académico.
[12]
Roberto Sancho Larrañaga
“MiDios de comunicación”
[13] Daniel Bougnoux. “Introducción a las Ciencias de la Comunicación”. Claves,
Buenos Aires, 1999.
[14]
Ibíd.
[15] Mauro Wolf. “Los efectos sociales de los media”. Los
media y la construcción de la realidad. Ed. Paidós, Barcelona 1994. Pág.
113-119.
[16]
Ibíd.
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